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Jue, Dic

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Miles y miles de colombianas y colombianos de todas las condiciones sociales, nos hemos tomado las calles, en todo el país, protestando por los proyectos presentados por Iván Duque al Congreso y por las medidas que ya se vienen aplicando, que no son otra cosa que profundas y regresivas reformas que afectan a todas y a todos los colombianos, principalmente a los jóvenes.

Con mucha dignidad, salimos también a exigir el respeto a la vida de las y los dirigentes sociales, sindicalistas, estudiantes, campesinos e indígenas. Del mismo modo, salimos por la paz, expresando nuestro respaldo a los Acuerdos de Paz firmados en la Habana, y a defender la democracia, amenazada hoy por el gobierno fascista de Uribe-Duque.

Lo que se vino a partir de las 4 de la tarde del 21 de noviembre fue una violenta arremetida de la Fuerza Pública, justificada por el accionar de minúsculos grupos de encapuchados infiltrados dentro de las marchas, algunos de ellos pertenecientes a la Policía Nacional, como lo muestran numerosas imágenes que son de público conocimiento. Esta arremetida violenta de la Fuerza Pública fue rechazada ese mismo día en las horas de la noche a través de un valiente y masivo cacerolazo de toda la población, de todos los estratos, desde sus hogares, en Bogotá y en muchas ciudades del país, como lo registraron los medios de comunicación.

Lo que se vio en las horas de la noche del día viernes 22, fue el irresponsable y tendencioso accionar de la Policía Nacional, infundiendo el miedo y la zozobra, llamando a la gente a que se armara de lo que tuviesen a mano para defenderse de los saqueadores que iban a llegar. Se trataba de una burda estrategia de la inteligencia militar para desprestigiar la movilización social, y a las organizaciones que la convocaron; una siniestra estrategia para infundirle terror a la población, para que rechace la legítima y necesaria protesta social.

El sábado 23, nuevamente sale la población armada de cacerolas y de dignidad a rechazar la violencia del Estado y a exigir el desmonte de las políticas y medidas en contra de la población, y nuevamente, ante los ojos de todo el mundo, el ESMAD de la Policía Nacional reprime violentamente la pacífica movilización social, asesinando cobardemente al joven estudiante de secundaria Dylan Cruz, quien debía de haberse graduado de bachiller el pasado lunes en el Colegio Distrital Ricaurte.

El Comité Nacional de Paro, quienes han convocado y están al frente de esta legítima protesta social, Comité conformado por las tres centrales obreras y numerosas organizaciones sociales, ha expresado clara y tajantemente su rechazo a toda forma de violencia, venga de donde venga, por eso exigimos que el Estado responda por este grave hecho, y por todos los desmanes y la brutalidad policial que hoy toda la ciudadanía ve en directo a través de los medios de comunicación y frente a lo cual el gobierno de Uribe-Duque, de manera cínica sale a desvirtuar, tratando por todos los medios, de alimentar el odio de las personas de bien, de los ciudadanos de a pie, de los empresarios, en contra de la legítima protesta social, echándole la culpa de la situación, no a su incapacidad como gobernante ni a sus nefastas y equivocadas  políticas, sino que culpa a los organizadores de esta justa protesta, también culpa, como si la población fuese una recua de ignorantes, culpa al gobierno de Maduro, culpa a Evo Morales, y con un odio visceral que no puede disimular, culpa al senador Gustavo Petro.

Por supuesto que rechazamos los asesinatos de los agentes de la policía cometidos en medio de esta guerra que queremos que se acabe. Esta guerra que rechazan de manera vehemente estas jóvenes generaciones que hoy están protestando en las calles, esta guerra que rechazan las comunidades indígenas que la padecen a diario, esta guerra que rechazamos los trabajadores, esta guerra que rechazamos las maestras y maestros, sembradores de paz y que hemos sido víctimas de estas políticas de odio y de muerte por parte de quienes necesitan de la guerra para seguir perpetuándose en el poder, esta guerra que necesitan los corruptos para ocultar sus fechorías y seguirse  enriqueciendo a costa de la pobreza y el sufrimiento de millones de colombianos.

Reclamar los derechos, defender la paz y luchar contra la corrupción, no es alimentar odios, ni generar violencia. Señor Iván Duque deje ya de alimentar el odio de la población en contra de los jóvenes, de los indígenas, de las legítimas organizaciones sindicales de los trabajadores y siéntese a negociar, a llegar a acuerdos con el Comité Nacional de Paro que es con quien debe dialogar, deje ya de embaucar a los colombianos, deje ya de engañar y de mentir, pero sobre todo deje ya de ordenar la guerra en contra de la población.

Finalmente, como demócratas, EXIGIMOS LA DISOLUCION INMEDIATA DEL CRIMINAL ESCUADRON DEL ESMAD. La nación colombiana no puede olvidar el tenebroso papel que jugó el tristemente célebre Departamento Administrativo de Seguridad DAS, al servicio del narco-paramilitarismo y que por fortuna para la democracia y para los demócratas, fue disuelto.

Una nota al margen, donde no aparece el ESMAD no se presentan hechos violentos, saque usted la conclusión, y por supuesto, los buenos somos más.

Por: Néstor Raúl Ramírez Moreno                            
Comité Ejecutivo                                                                                                                      
Central Unitaria de Trabajadores CUT                                                                
Subdirectiva Bogotá-Cundinamarca