Otra jornada de paro: radiografía del descontento y abrebocas de elecciones

El próximo miércoles 28 de abril será la primera gran movilización social de 2021, pese al crítico momento que enfrenta el país por los casos de COVID-19. Detrás hay reclamos legítimos de protesta, pero también intereses políticos. Análisis.

La pandemia que desató el COVID-19 terminó desinflando y, si se quiere, desdibujando la ebullición social -inédita por demás- con la que Colombia cerró 2019. Paradójicamente, esa misma pandemia es hoy el germen de una nueva ola de descontento y protesta social que tendría dimensiones aún mayores para el gobierno de Iván Duque. Si bien el paro convocado para el próximo miércoles es consecuencia del encierro y la crisis económica, que no deja de agobiar a todos y cada uno de los sectores sociales, la anunciada reforma tributaria terminó exacerbando los ánimos y encaminando el malestar que se siente en los hogares y que ahora se expresará en las calles.

A diferencia de noviembre de 2019, cuando el Ejecutivo apenas sumaba poco más de un año en el Palacio de Nariño, la protesta que se vivirá el 28 de abril se da en medio del año preelectoral, por lo que pulularán aquellos que busquen sacar réditos y reivindicarse como sus promotores en búsqueda de votos. Por si fuera poco, el paro se da en momentos en los que la desaprobación de Duque alcanza el 63,2 % y en los que, según la encuesta de Invamer, el 77,5 % de los colombianos consideran que las cosas van por mal camino. Se trata del porcentaje más alto en los últimos cuatro años.

“El descontento existe. Quizás en este momento muchos sectores están enfrentando una situación mucho más complicada que a finales de 2019. Hay personas más afectadas en términos económicos, muchos están asfixiados. Por ello, ahora se habla del ‘segundo paquetazo de Duque’, porque el ‘primero’ era por el descontento por la reforma pensional y otras iniciativas. Si antes había inconformidad y la gente no estaba dispuesta a aceptar reformas fácilmente, menos ahora con la pandemia a cuestas”, explicó Juan Carlos Guerrero, director del Observatorio de Redes y Acción Colectiva (ORAC) de la Universidad del Rosario, dedicado al estudio y seguimiento de formas de protesta social, movimientos sociales en gestación y activismo político.

De tal calado será el asunto, que no deja de ser incierto cuál será la dimensión de la protesta, teniendo en cuenta que, si bien persiste un ambiente de descontento social, no puede pasar por alto que el país afronta el tercer pico de la pandemia, que cada día se rompen los récords de muertes por coronavirus o que ciudades como Bogotá ya reportan casos de las cepas brasileña y británica del COVID-19. Por ello, se trata también será un acto de rebeldía ante las restricciones vigentes, como los toques de queda o los confinamientos estrictos.

“No hay condiciones para que la gente salga tranquila, bien sea porque no se pueden dar el lujo de perder un día de trabajo o por miedo al contagio”, explica Lina Guisao Crespo, analista política y especialista en temas de movilización ciudadana. Desde su perspectiva, frente a lo que vivió el país a finales de 2019, la presencia en las calles “va a ser incipiente”. Sin embargo, sostiene que, a diferencia de esa oportunidad, la discusión ya no será en la calle, sino en escenarios como el Congreso.

Otra es la lectura que se hace en el interior del movimiento social. Para Jennifer Pedraza, quien hace las veces de representante estudiantil y de los universitarios en el denominado Comité Nacional del Paro -el movimiento que terminó aglutinando el descontento de 2019-, aunque el momento es crítico en materia de salud, la idea es que durante la marcha se conserven protocolos de bioseguridad y cuidado. Lo anterior, defendiendo que el derecho a la protesta se mantiene, aun en medio de la emergencia sanitaria.

“Estamos conscientes del tercer pico y comprendemos lo crítico del momento de salud. Por eso el llamado a la ciudadanía es a que marche en condiciones de seguridad, a que se pueda guardar el distanciamiento en la medida de lo posible y no desistir en el uso del tapabocas o el alcohol. Aquí lo que necesitamos es apoyo y respaldo de las autoridades, en lugar de prohibicionismos”, declaró Pedraza.

Aunque los analistas y políticos consultados para este artículo coincidieron en que es difícil atribuirle a algún sector o movimiento particular el llamado a paro, la líder estudiantil reivindica que, una vez más, detrás de todo está el Comité del Paro, es decir, centrales obreras o movimientos sindicales tradicionales, como la Confederación General del Trabajo (CGT), la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode). “Esta es una jornada que convocamos hace mes y medio, de la mano también con mujeres, afros y todo el movimiento estudiantil. Preveíamos el descontento por la reforma tributaria, pero esto fue más grave de lo que esperábamos”, señaló Pedraza, asegurando que, además de la pretensión de tumbar la iniciativa, la protesta busca que se atiendan las exigencias de su pliego nacional de emergencia (que abarca la formalización de los trabajadores de la salud o la educación superior gratuita) y que se proteja la vida de los líderes sociales.

Más allá del acaparamiento o no del movimiento social, para el director del Observatorio de Redes y Acción Colectiva del Rosario lo que sí es un acierto es aglutinar el descontento alrededor de la reforma tributaria y ya no en pliego de hasta 100 puntos, como ocurrió inicialmente con el Comité Nacional del Paro. “Toda la atención está centrada en la reforma, más que en reivindicaciones y pliegos enormes, que hacen que la convocatoria pierda inteligibilidad”, agregó.

“En 2019 eran muchos los escenarios de insatisfacción y era difícil llegar a saber por qué estaba protestando la gente dada la diversidad de reclamos. No obstante, ahora sí hay demandas más visibles y claras, como la reforma tributaria o la falta de vacunas”, sostiene a su turno la analista Luisa Guisao.

A un año de elecciones

Desde el oficialismo, por supuesto la protesta contra el gobierno Duque y su reforma es vista con recelo y desconfianza. Para la representante Margarita Restrepo, del Centro Democrático, salir a marchar en las condiciones sanitarias actuales es “un acto de irresponsabilidad”. La congresista, incluso, usó el espejo retrovisor para justificar la necesidad de la iniciativa: “El país tiene dos grandes razones para estar desfinanciado: el gobierno de Juan Manuel Santos y un proceso de paz mal hecho, que ha asumido este Gobierno, y todos los coletazos de la pandemia. Es evidente que hay que buscar recursos y la austeridad es una respuesta a esta situación”.

Desde la oposición, reivindican el derecho a la protesta, pero no desconocen la situación crítica de la pandemia. De acuerdo con la representante Catalina Ortiz, de la Alianza Verde, “es legítimo querer salir a manifestarse, pero lo importante es asegurarse de que la gente actúe diferente y las marchas no se desordenen”. La legisladora llama la atención además por el sentimiento de indignación por la corrupción y la situación económica asfixiante que vive el país. “Hay que ser coherentes. ¿Acaso cuando algunos salieron a protestar por el proceso judicial por Uribe no pensaron en el coronavirus? El derecho a marchar es para todos y hay que respetar las libertades”, dijo.

En ello coincidió el representante José Daniel López, de Cambio Radical, quien defiende el carácter democrático de la protesta. “No deja de preocupar el pico, pero desde ya se vislumbra muy concurrida la jornada del 28 de abril, no tanto por la convocatoria de los sectores que usualmente están detrás, sino por el malestar ciudadano. La gente sale porque está muy brava, no porque se sientan representados por Fecode o la CGT. Al menos en Bogotá será una gran movilización”, explicó, defendiendo que, como es obvio, también hay intereses políticos y reivindicaciones de fondo que son legítimas.

En ese sentido, la representante Restrepo insistió en que no es gratuito que una movilización así se realice en pleno año preelectoral: “Aquí hay ciudadanos que han sido instrumentalizados por intereses políticos, de los más mezquinos, con argumentos populistas y mentirosos. Buscan que Duque no gobierne de forma adecuada y el trasfondo son las elecciones de 2022”.

Según la analista Luisa Guisao Crespo, es natural que detrás de las reivindicaciones haya política y políticos, “pues es la forma que tienen para poder visibilizarse”. Sin embargo, advirtió que los problemas vienen cuando esos intereses se sobreponen a los reclamos sociales y hacen cambiar la mirada hacia lo electoral. Entretanto, para Juan Carlos Guerrero, es claro que abundarán los políticos que quieran sacar rédito “del momento de debilidad y fragilidad que enfrenta el gobierno Duque. Esa precariedad es una ventana de oportunidad a un año de las elecciones”.

¿Un paro más allá del 28 de abril?

Aunque la protesta está planteada para la jornada del miércoles, en redes sociales la consigna parece trascender y el pedido es a extenderla no solo a un día, sino a varios. De allí que muchos consideren la opción de unirla con las manifestaciones del sábado 1° de mayo, Día del Trabajo, cuando es usual que lo hagan las centrales obreras.

Para Juan Carlos Guerrero, que el paro se extienda o se desinfle dependerá de cómo actúe el Ejecutivo: “Se puede prolongar en caso de que haya mala gestión con la Fuerza Pública y se presenten abusos de las autoridades. Eso daría pie a marchas más masivas”.

A su turno, Jennifer Pedraza asegura que primero será necesario evaluar el impacto del 28 de abril y, aunque sin duda volverán a marchar el 1° de mayo, deberá medirse el ambiente de cara a nuevas convocatorias. “Hace dos semanas no teníamos en mente que lo del 28 fuera a ser algo tan grande y mire. El movimiento social es muy cambiante. Hay que evaluar la reacción del Gobierno y lo que diga sobre la reforma tributaria”.

Al margen de las lecturas de lado y lado, lo cierto es que la jornada del próximo miércoles pinta como la primera gran tribuna de 2021 para que la gente exprese sus inconformidades a la espera de un Gobierno que escuche. No obstante, como ocurre siempre en este tipo de manifestaciones, el desafío será mantener su carácter ciudadano y pacifista, por encima de los hechos de vandalismo que terminan distorsionando cualquier reclamo. Por otro lado, la protesta podría configurarse como un primer abrebocas de los temas y sectores que moverán la contienda electoral.

Información tomada de elespectador.com
Política24 abr 2021 -
Por: Javier González Penagos – Twitter: @Currinche