Derivada de la profunda depresión económica y el empleo, por la que atraviesa el mundo y, en particular, nuestro país por la recesión que profundizó la pandemia, se generó una amplia expectativa en la opinión pública por lo que pudiera ser el desenlace positivo de una concertación sobre el salario mínimo.

Sin embargo, los trabajadores debemos informar que tanto el gobierno como los empresarios no han estado a la altura de las circunstancias para tal objetivo.

Las centrales obreras y las confederaciones de pensionados presentamos propuestas encaminadas a reactivar la economía y el empleo, que se entiende sería recuperar los ingresos de la población para reactivar el consumo de bienes y servicios. Allí están las propuestas de la renta básica universal, el subsidio a las nóminas de Mipymes, el millón de salario básico y auxilio de transporte de $120.000, incremento a los pensionados con el incremento del salario mínimo y no con el IPC y la derogatoria del Decreto 1174 que precariza más los ingresos, más la formalización de las plantas de personal en el sector estatal.

Desafortunadamente los empresarios propusieron en la séptima y última sesión un incremento salarial de solo un irrisorio 2,7% en el básico y 5.49% en el auxilio de transporte, en un momento que se requiere aumentar la capacidad de consumo de la población. Así ni se reactiva la economía ni el empleo. Esa es una fórmula ya fallida y contrasta con notables incrementos en muchos países del mundo y recomendaciones de importantes organismos multilaterales de mejorar sustancialmente los ingresos de la población para salir de la crisis.
Pero lo más grave lo ha presentado el gobierno quién en vísperas de la instalación tripartita de la misión de empleo expidió de manera unilateral el decreto 1174 que reduce los ingresos de los trabajadores y acaba con su salud y la posibilidad de pensión a más de acabar con el salario mínimo. Con ello dinamitaron las posibilidades de diálogo y concertación tanto en la misión de empleo como ahora sobre el salario mínimo.


Queda ahora en manos del gobierno la expedición de decreto de incremento del salario mínimo, sobre lo cual no nos alienta mucha expectativa por las experiencias de años anteriores.
Finalmente, reiteramos nuestra exigencia de derogar el decreto 1174, el incremento de un millón de salario básico, un auxilio transporte de $120.000 y nuestra disposición al diálogo y la concertación.

Bogotá, 18 de diciembre 2020
JOSÉ DIOGENES ORJUELA GARCIA
Presidente CUT
EDGAR MOJICA VANEGAS
Secretario General CUT
JULIO ROBERTO GÓMEZ ESGUERRA
Presidente CGT
MIRYAM LUZ TRIANA ALVIS
Secretaria General CGT
LUIS MIGUEL MORANTES ALFONSO
Presidente CTC
ROSA ELENA FLEREZ G.
Secretaria General CTC
JHON JAIRO DIAZ GAVIRIA
Presidente CDP
ANSELMO GOMEZ ELGUEDO
Secretario General CDP
JOSE ANTONIO FORERO
Presidente CPC
ALVARO ALONSO MARCONI Q
Secretario General CPC

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En 1754, veintidós años antes que Adam Smith publicara Investigación acerca de la naturaleza y causas de La riqueza de las naciones, la Academia de Dijon lanzó una osada pregunta y ofreció un premio para quien se atreviera a responderla: ¿Cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres? ¿Es acaso la consecuencia de una ley natural?

El filósofo Jean Jacques Rousseau se interesó por el tema y en respuesta escribió su obra Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. En ella, Rousseau sostiene que la desigualdad social y política no es natural, que no deriva de una voluntad divina y que tampoco es una consecuencia de la desigualdad natural entre los hombres. Por el contrario, su origen es el resultado de la propiedad privada y de los abusos de aquellos que se apropian para sí de la riqueza del mundo y de los beneficios privados que derivan de esa apropiación; ya en esa época, buscar respuestas a la desigualdad social era un tema central para las ciencias sociales.

Es un siglo más tarde, con el creciente proceso de industrialización, que comienza a crearse una diferencia importante en los niveles de ingreso, cuya relación, a nivel de ingreso medio entre los países “pobres” y los países “ricos” llegó, a principios del siglo XX a una proporción de 1 a 4, para pasar a principios de este siglo a una proporción de 1 a 30.

El neoliberalismo, versión radical del liberalismo económico, delimita la grandeza del ser humano a la capacidad de generar ingresos monetarios, exacerba el individualismo y la carrera por ganar y poseer, por ende, coadyuva grandemente a la agudización de la desigualdad. Desata la codicia, la corrupción y la violencia y, al generalizarse en los grupos sociales, destruye socialmente la comunidad. Se impone así un orden de valores y virtudes, donde la libertad individual es entendida únicamente como libertad para producir y consumir.

Este paradigma estructural, obedece a un modelo de injusticia global, provocando que una pequeña parte de la población tenga el poder y el control de la (in)estabilidad social y económica del resto del mundo.

Una de las principales causas que ha conducido a dicha desigualdad en el contexto de la globalización es –usando la terminología de ciertos politólogos- la Corporatocracia, es decir, el gobierno invisible de las corporaciones, compuesto por la élite política, empresarial y financiera.

Dicho sistema corporativo está compuesto por inversores, financieros y propietarios de empresas transnacionales. Eso sí, la desigualdad no actúa tan solo en la esfera económica, sino que el poder económico de dichas empresas as empoderan, además, de una inconmensurable potestad política, legal y social.

La Fundación Oxfam en su informe Economía para el 99% de la población (2017) señala: “Tan solo ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas; lo que demuestra que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor de lo que se temía. Las grandes empresas y los más ricos logran eludir y evadir el pago de impuestos, potencian la devaluación salarial y utilizan su poder para influir en políticas públicas, alimentando así la grave crisis de desigualdad”.

El informe, asimismo, demanda un cambio fundamental en el modelo económico de manera que beneficie a todas las personas y no solo a una élite selecta.

Dichas grandes empresas y poderes financieros son lobbies muy poderosos que influyen en las decisiones que toman los gobiernos centrales y condicionan políticas mundiales llevadas a cabo por el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

De acuerdo al mismo informe anterior, ”31 empresas de diversos sectores como el financiero, extractivo, de producción textil o farmacéutico, entre otros, utilizan su enorme poder para garantizar que tanto la legislación como la elaboración de políticas nacionales e internacionales se diseñan a su medida para proteger sus intereses y mejorar su rentabilidad (…) El capitalismo clientelar beneficia a los dueños del capital y a quienes están al mando de estas grandes corporaciones, en detrimento del bien común y la reducción de la pobreza”.

El objetivo de las políticas neoliberales es lograr que el Estado deje de intervenir en la economía para que los ciudadanos pierdan su libertad y acaben convertidos en esclavos económicos del mercado. Según Friedrich von Hayek, uno de los líderes intelectuales del neoliberalismo:

“El sistema solo funciona bajo la condición el individuo tenga la disposición de adaptarse a los cambios y procesos, de someterse a convenciones que no serán los resultados de una planificación racional. El individuo debe estar dispuesto a subordinarse a las consecuencias de los procesos que nadie ha planificado y que, posiblemente, nadie entienda”.

Las políticas neoliberales buscan aumentar los beneficios de rentas altas con medidas de distinta índole, la metafísica teórica neoliberal se usa para convencernos de que esas medidas nos benefician a todos a pesar de que la realidad indique lo contrario. Y si no funcionan nos dicen que es porque no se han aplicado con la intensidad requerida.


Principales políticas neoliberales


1. Reducir los impuestos a las rentas altas y privatizar los servicios sociales: esta medida impopular se venderá siempre como una forma de mejorar la eficacia, por ello, normalmente, antes de privatizar un servicio público, se forzará una mala gestión previa que lo justifique. Además se venderá como reducción de los impuestos para todos, de modo que el ciudadano de la calle cree que sale ganando cuando en realidad es justo lo contrario. Al reducir los impuestos, se han de privatizar los servicios sociales, y estos servicios sociales privatizados aumentarán sus precios. Finalmente los servicios sociales acabarán resultando mucho más caros al usuario, que lo que antes debía pagar en impuestos para mantenerlos. Como es lógico, este encarecimiento no afecta tanto a las rentas altas que pueden permitirse esos precios.

2. Empeorar las condiciones laborales de los trabajadores y mantener un alto índice de desempleo: es lo que llaman eufemísticamente “aumentar la productividad para ser más competitivos”. Para mantener la situación de privilegio que disfruta la élite, es necesario que el trabajador no pueda aprovecharse de la reducción de jornada que los avances técnicos permiten. Si tiene demasiado tiempo libre, podría pensar por su cuenta. Por ello, en cuanto sus políticas económicas logran los primeros y deliberados malos resultados económicos, empiezan a reivindicar desde sus medios de comunicación los famosos ajustes estructurales. Su programa de ajuste estructural se reduce a paquetes de medidas que incluyen la reducción de salarios, aumento de horas de trabajo, despido libre, etc. Estos programas son posibles con un alto índice de paro que sirva de coacción a los trabajadores, por eso se realizan políticas desde el Estado para mantener el paro por encima del 5%, a eso lo llaman “tasa natural de desempleo”. Las reformas laborales que defienden los neoliberales aumentan la precariedad laboral y el paro pero son beneficiosas por otras razones: aumentan los beneficios empresariales y reducen la fuerza del movimiento sindical y del resto de los movimientos reivindicativos.

3. Deslocalizar la producción (trasladándola a un país del tercer mundo) y desindustrializar el primer mundo: para mantener altas cotas de desempleo se utilizan varios métodos, el principal es facilitar legalmente el traslado de la producción a países con mano de obra más barata (“deslocalizar”). A estos países (tercermundistas) previamente se les ha colocado una situación de dependencia a través de los planes de sometimiento económico orquestados desde el FMI y el BM. Gracias a la crisis planificada de estos países, también se logra la llegada masiva de mano de obra barata dispuesta a aceptar más fácilmente las condiciones de ajuste estructural (emigración legal o ilegal, en ambos casos se considera útil). Además, la desindustrialización de los países del primer mundo, les hace más dependientes del comercio exterior, reduciendo el control real de los gobiernos sobre la economía, en cambio aumenta el poder de las multinacionales, en manos de la oligarquía.

4. Propiciar la creación de burbujas especulativas: Las políticas neoliberales de fomento del paro, reducción de salarios, etc., reducen la capacidad de compra de la clase baja y media. El aumento de la renta de la clase alta no puede compensarlo. Por ello la demanda (lo que compran los consumidores) se reduce, esto afecta a la economía que ralentiza su crecimiento. Para solucionar este problema se impulsa la expansión descontrolada del crédito. De esta forma la demanda se recupera artificialmente a base de endeudar a los consumidores. En Chile, el año 2011, circulaban por el mercado más de 20 millones de tarjetas de crédito, lo que se traducía en un crecimiento económico burbuja.

5. Fomentar el endeudamiento de los Estados para reducir los impuestos (primero de los países tercermundistas, luego todos los demás): con el nuevo sistema financiero tras la desregulación efectuada por Richard Nixon (1971) se fomentó el endeudamiento de los Estados como una forma de enriquecer a los inversores. La idea es que los ricos presten al Estado el dinero que no han pagado en forma de impuestos. Esto no se hace sólo a escala nacional, también se compró a muchos gobiernos corruptos para que solicitaran préstamos (a través del FMI y del BM) en un interés variable. De esta forma se garantizó un pago eterno y se sometieron a esas economías. Cuando la situación se hizo desesperada, el FMI y el BM condicionaron la ayuda necesaria a la aplicación de políticas neoliberales, lo que supuso nuevos beneficios, al tiempo que se destruía la paz social en estos países.

Oliver Lorillu y Éric Toussaint explican la estafa de la deuda externa magistralmente. En los años 60 y 70, del siglo XX, se concedían préstamos a los países del tercer mundo a bajo interés. Los créditos se pidieron contando con unos ingresos que van decreciendo, ya que el valor de los productos de estos países (materias primas) no hace más que devaluarse. Además en los años 80 Reagan decide aumentar unilateralmente los intereses de la deuda. Uniendo estos dos elementos (valor de la producción devaluada + aumento intereses) la devolución se hace imposible, por lo que los dirigentes locales han de renegociar con el FMI y el BM nuevos créditos para pagar los intereses de los créditos antiguos.

Todo lo anterior refleja a un sistema psicopolítico y económico que, falazmente revestido de paladín de la libertad, no logra desdibujar su verdadera esencia… Individualismo, propiedad, orden y consumo; la sociedad, como una vez dijo Margaret Thatcher, no existe.


-Jorge Molina Araneda es columnista de Pressenza, Kaos en la Red, Ilustrado

Cansados de ser víctimas del modelo neoliberal impuesto por los amos del norte y la narco-oligarquía gobernante, delegados de diversos rincones patrios, afiliados a la Confederación de Pensionados de Colombia CPC, en su Junta Confederal, confirmaron agendas de movilización y paro. El pasado martes 10 de noviembre, en forma virtual, en un ambiente cordial, y con buen nivel de debate, los asistentes a nombre de sus organizaciones de primero y segundo grado, enfrentando las dificultades impuestas por la pandemia, y las comunicaciones, desarrollaron su orden del día.

Intercaladas en él, los delegados escucharon las intervenciones de los conferencistas invitados, los doctores: Iván Cepeda Castro , Senador de la oposición clasista en el Congreso, informando acerca del papel de denuncia de la corrupción de esta bancada, y de su compromiso con los sectores sociales victimizados, con el señalamiento de los victimarios que siempre resultan siendo de la narco oligarquía gobernante. Además de los procesos jurídicos y amenazas que está afrontando, e invitó a fortalecer la unidad y la movilización.

Siguió la conferencia del exmagistrado Oscar Dueñas Ruiz, quien informó de la ratificación de la “Convención Interamericana Para La Defensa De Los Derechos De Las Personas Mayores” y su potencial jurídico en beneficio de este sector social. Así mismo, del contenido social de la encíclica “fratelli Tutti”, del Papa Francisco I, poco difundida en los medios oligárquicos por su y a las cúpulas de los poderes mundial y local. Además, recomendó enfatizar la lucha por los servicios sociales del estado hacia los adultos mayores, aspecto al cual no se le ha dado la importancia que merece. Luego, presentó un saludo el Senador Alexander López Maya al confederal, en conjunto con un abogado de su UTL, quien comunicó del estado de las leyes y proyectos que afectan a los pensionados y que cursan en el congreso, incluido el decreto 1174 de este año que reglamenta la reforma a la seguridad social que en forma de gorila fue introducida en el plan de desarrollo, y que dinamita la totalidad de la estructura jurídica de la seguridad social incluidas la constitución y el código de trabajo, al abrir campo a pensiones inferiores al mínimo e imponer a los trabajadores de salarios inferiores a este, la vinculación a los BEPS dentro del neoliberal Piso de Protección Social entre otros perjuicios.

Luego intervino la doctora Ana María Soleibe, asesora de los petroleros quien explicó el contenido del proyecto de ley 1010, de iniciativa gubernamental, presentado por el Centro Democrático, mostrado con engañosa publicitad como el fin de las desprestigiadas EPS, cuando en realidad, las convierten en aseguradoras captadoras de la totalidad de los recursos de la salud y sepultureras de la salud pública, al desfinanciarla.

Enseguida se leyeron y discutieron los informes que permitieron caracterizar el momento, y extraer las conclusiones y orientaciones con los cuales determinar el accionar de la confederación en el futuro cercano, ligadas a la continuación de la defensa de los intereses pensionales y populares, en estrecho contacto con las coordinadoras sociales y la comisión nacional del paro, de la cual es participe; orientaciones que fueron plasmadas en una declaración final que incluye desde la permanente búsqueda de la unidad y el fortalecimiento del movimiento pensional tanto a nivel nacional como regional por intermedio de sus seccionales, el rotundo rechazo a los proyectos de ley lesivos a los intereses pensionales y populares, como la manifestación solidaria con los sectores en conflicto como campesinos, informales, jóvenes, minorías étnicas y de género y todas las victimas del gobierno y su criminal estilo de gobierno.

Por: Juan G. Salguero J.
Pensionado de ETB


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Los Tratados de Libre Comercio dejan ganadores y perdedores y entre estos los que más pierden son los campesinos
“La papa nos la venden naciones varias, cuando del sur de Chile es originaria”.
Violeta Parra, 'Al centro de la injusticia'

Las escenas son escalofriantes, aunque a muy pocos preocupen: en la carretera que comunica a Bogotá con Tunja y con otros lugares de Boyacá, a la vera del camino cientos de campesinos con bultos de papa junto a ellos las ofrecen a un precio irrisorio (un bulto a 7000 pesos) o las regalan, que es casi lo mismo. Al momento viene la demagogia politiquera y mediática de quienes, como aves de rapiña, viven del dolor ajeno, para decir que con papatones se va a solucionar el problema que afrontan los cultivadores de papa en el Departamento de Boyacá y en las regiones donde todavía se cultiva el bendito tubérculo, que transformó al mundo desde hace cinco siglos, pero que con el libre comercio en Colombia está a punto de ser erradicado de nuestro suelo, con lo que supone esa perdida en términos económicos, sociales, ambientales, nutricionales y culturales. No es poca cosa, porque estaríamos asistiendo al fin de un milenario cultivo y a quienes lo siembran en nuestro suelo.

La papa no es la excepción sino la regla de lo que pasa con la producción agrícola en Colombia, y para explicarlo no se requiere mucha ciencia, puesto que ese es el resultado directo y predecible de la epidemia de tratados de libre comercio, que se firmaron con Estados Unidos y los países dominantes en el comercio mundial.

La papa salvó a Europa del hambre

La papa es un tubérculo comestible que se originó en los Andes sudamericanos, en el sur del actual Perú, hace 8000 años. Fue el alimento básico, junto con el maíz, de las civilizaciones precolombinas, las cuales cultivaban miles de variedades, adaptadas a diversos climas y altitudes, incluyendo una que se siembra a 4.300 metros de altura.

A raíz de la conquista de América, los españoles llevaron la papa en 1554 a la península ibérica, en 1567 se sembró en las Islas Canarias. Para no ofender a los Papas católicos, los españoles la empezaron a denominar patata.

Pronto se expandió por el continente europeo, y se convirtió en un alimento de la población más pobre (que era la mayoría) de Italia, Rusia, Prusia, Polonia e Irlanda. En Europa era despreciada por la nobleza que la consideraba un producto ruin (por prevenir de una raíz) no recomendable como alimento para seres humanos. No obstante, se consolidó en el siglo XVII en el momento en que la guerra de los Treinta Años arrasaba con Europa, para mitigar la hambruna, y hasta los ejércitos se abastecían del vital tubérculo.

Fue tal la importancia que la papa adquirió en la dieta cotidiana de la población que se convirtió en el producto principal del que dependía la subsistencia, como se demostró durante la gran hambruna de Irlanda (1844-1852), cuando una plaga, el tizón, aniquiló las cosechas y produjo la muerte de por lo menos un millón de campesinos y la migración masiva de gran parte de la población de ese país hacia otros lugares de Europa y los Estados Unidos.

En la actualidad la papa se cultiva en todo el planeta, siendo sus primeros productores países de la Unión Europea, donde se genera el 50% de las exportaciones mundiales. Los europeos se han valido de los tratados de libre comercio para imponerle sus condiciones a los países periféricos, como Colombia, cuyo Estado y clases dominantes se han limitado a cumplir las disposiciones que benefician a los europeos y perjudican a los productores nacionales. Esto implica que la papa que salvo a Europa del hambre desde el siglo XVIII, ahora es usada por los europeos para hambrearnos a nosotros, mediante la destrucción acelerada de los productores nacionales de papa.
Libre comercio: el zorro y las gallinas en el mismo corral

Europa tiene una política agresiva en el comercio de la papa que se basa en los altos subsidios que reciben sus productores lo que permite venderla a bajo precio, por ahora, en el mercado mundial, con lo cual se liquida a los competidores locales. Contra esta política del libre comercio no pueden resistir los pequeños productores, que ven como Colombia, un país productor y auto abastecedor de papa, la importa de Europa, mientras los excedentes se acumulan en los predios campesinos. Esto supone que por cada kilo que se importa, se dejan de demandar dos kilos y medio de los productores nacionales. El principal vendedor es Bélgica, el primer productor y exportador de papa fresca y congelada del mundo, que tiene un millón de toneladas listas para exportar. Esa papa es de muy mala calidad, no es fresca, se encuentra congelada, es insípida, parece caucho, es pequeña y ni siquiera la aceptan los otros países de la Unión Europea y por eso se envía a países como Colombia, donde se producen muchas variedades de papa, fresca, de buen sabor y bastante nutritiva.

Recordemos que, en Colombia, un país campesino por excelencia durante varios siglos, la papa ha sido un producto esencial, que se cultiva en 283 municipios de diez departamentos, por parte de cien mil cultivadores. En Boyacá la papa se cultiva en 86 de sus 123 municipios, donde existen 50 mil familias cultivadoras que generan un millón de toneladas al año, en minifundios de entre media hectárea y tres hectáreas, que ocupan en total 50 mil hectáreas. Colombia produce al año 2.7 millones de toneladas de papa y abastece al mercado nacional.

Lo que hoy sucede con la papa es una muestra representativa del impacto destructivo de libre comercio, que no es ni libre ni comercio, sino que es como el zorro libre entre gallinas libres. Sí, el zorro viene sin ataduras a los corrales de gallinas, a nuestros países, y entra sin ninguna restricción, mientras que las gallinas jamás pueden ingresar a las madrigueras de los zorros, siempre protegidas y resguardadas con miles de alambradas económicas, políticas y militares.

Este libre comercio en la producción de papa significa que los cultivadores locales tienen que afrontar una competencia desigual con Estados Unidos y los países europeos, en términos de subsidios y precios. Para producir papas en Bélgica se cuenta con elevados subsidios que les permite que sean vendidas a bajo precio, recurriendo al mecanismo del dumping, con el fin de quebrar a los cultivadores nacionales que no tienen ningún subsidio, ni protección por parte del Estado.

Eso hace que los precios de la papa nacional tengan el mismo nivel de hace veinte años y que los cultivadores reciban una cifra exigua, menor en un 50% a sus costos de producción, y diez o veinte veces inferior al precio de venta en las ciudades. Sus costos de producción, más transporte son del orden de 32 mil pesos por bulto, mientras que hoy les compran ese bulto a 8000 pesos.

Ahora bien, la coyuntura de la pandemia acentuó problemas previamente existentes, que se agravaron por la baja en la demanda, como resultado de la perdida de ingresos de la mayor parte de hogares colombianos, lo que les ha obligado a reducir el consumo, e incluso el número de comidas al día, que han pasado de tres a dos. Asimismo, el cierre de restaurantes, hoteles, bares implica la reducción del consumo de papa en un 30%. Para completar, en la producción de papa ya se soportan los efectos del trastorno climático, pues el calor intenso de abril a mayo, alteró el ciclo del producto y generó una cosecha inesperada para octubre y noviembre, lo que incrementó la oferta y aunque por la Covid 19 y los problemas de hambre que ha generado esa papa debería ser una bendición alimenticia, por la reducción en el poder adquisitivo de la población no hay gente para tanta papa.

Estos fenómenos coyunturales no pueden alteran lo que se venía dando como resultado de los nefastos tratados de libre comercio con Estados Unidos y Europa, de donde provienen productos y materias primas de origen agrícola a bajo precios, lo que hace inviable a la agricultura colombiana, que afecta en forma directa a millones de pequeños productores, campesinos e indígenas, puesto que por costos no pueden competir con la producción subsidiada en los países centrales.

La caída de los precios de la papa de producción nacional implica perdidas que hacen inviable el cultivo, ya que si la producción de un kilo de papa cuesta 700 pesos, se vende a 200 0 300 pesos. Y en ese contexto, aumentó la importación de papas procedentes de Europa, cuyo volumen viene creciendo a un ritmo del 30 o 40% anual y en este 2020 van a ingresar 65 mil toneladas de papa frita congelada, que equivale a 260 toneladas de la papa producida por los campesinos colombianos.

A este ritmo es la muerte segura, física y cultural, de los cultivadores de papa, atenazados por las múltiples garras del libre comercio (entre estos sus deudas con el capital financiero local, precio de los insumos, gastos en transporte…) que favorece a los grandes productores multinacionales, que son respaldados por sus respectivos Estados en el mundo capitalista hiperdesarrollado.

Esta ruina de los paperos genera desempleo, miseria, éxodo, pobreza y ahonda la desigualdad a nivel interno en el país, todo como resultado del divino y sacrosanto libre comercio, cuya finalidad es precisamente la destrucción de los campesinos, la liquidación de la soberanía alimentaria y la dependencia permanente de la comida que se produzca en el exterior, con lo cual queda clara la sumisión por física hambre a los poderes imperialistas.

Porque, por supuesto, los Tratados de Libre Comercio dejan ganadores y perdedores y entre estos los que más pierden son los campesinos. Por ello, sería bueno preguntarse cuántos de esos humildes labriegos que salieron a vender regalada su papita a la orilla de la carretera, dejarán de ser campesinos el próximo año, con las implicaciones sociales, económicas y culturales que eso tiene en un país tan terriblemente desigual y violento como Colombia.


Por: Renán Vega Cantor

FIRMAMOS CONVENCIÓN COLECTIVA (2020-2022)

¡Compañeros¡ Luego de levantarnos de la mesa de negociación el pasado miércoles 18 de noviembre de 2020, el viernes 20 de noviembre de la misma anualidad, nos reunimos nuevamente junto con la Comisión Negociadora de COLPENSIONES, con el objeto de suscribir el acta de terminación de la etapa de arreglo directo; sin embargo, con ocasión de dicha reunión y junto con la persistencia en nuestra argumentación y lucha sindical, tuvimos acercamiento que conllevó a la firma de la Convención Colectiva, el día sábado 21 de noviembre de 2020.

Los invitamos a ver nuestros distintos documentos a través de videos y boletines, y que precisarán los acuerdos convencionales y extra convencionales.

COMISIÓN NEGOCIADORA SINTRACOLPEN

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